sábado, 6 de marzo de 2021


 ATARDECERES DE BAHÍA:



Escribo esto en la lenguita que lame el mar BAHÍA 6:00 a 6:30pm, la mejor hora del día de este lugar donde he vivido los últimos 5 años. Lo interesante de esta hora del día son los colores del mar, del cielo, la luz, la alegría de la gente que sale a ver este espectáculo cada tarde, porque cada tarde el espectáculo es diferente. Es una terapia colectiva como una válvula de escape a la realidad mundial, nacional, local e individual.

Generalmente a esta hora los muchachos están en las barras haciendo calistenia, los niños en la pista de patinaje,  la gente trotando, caminando o simplemente tomando algo en el famoso muro. Parece que el cielo nos tiende un camino de luz flotante que va desde el horizonte hasta la playa aquí cerquita, como una alfombra de sol brillante que nos lleva al cielo. 

Aunque a veces se oye la música de los autos hoy solo oigo el mar y uno que otro gallo manaba que anuncia que se acerca la noche. A diferencia de Quito, aquí en esta calle no hay prisas, la única prisa es llegar antes de que el sol toque el mar. La gente con celular en mano para dar un click al más fotogénico el sol, cuyo rostro se hace viral en las redes sociales. Es gracioso ver que mi sol, no es mío, sino un sol colectivo. Ese mismo sol que captura mi cámara, es capturado al mismo tiempo en otro lugar, desde arriba, desde abajo, junto al faro, junto a las rocas o junto a la Bellaca, desde Bahía o desde lejos, donde el sol se vuelve más grande, pues su tamaño es directamente proporcional a la distancia del observador.

Pero lo más hipnótico de esta hora del día no es que todos estamos viéndolo sincronizados, como adorando a un solo rey como nuestros ancestros, no esto no es lo más hipnótico de esta hora. Lo que nos hipnotiza es que mientras ves caer el sol y sumergirse en el mar, tus emociones, pensamientos y recuerdos hacen justamente lo contrario, emergen y salen a flote.

Es cuando recuerdas al amigo enfermo, al tío que ha partido sin poder abrazarlo, al proyecto que has soñado allá en las montañas de Guamote o con los voluntarios del BosqueAmar. Emergen también los proyectos del viaje a unas cabañitas en medio del bosque colombiano, visualizando el reencuentro de amigos sin que te persiga el famoso virus. Y es ahí 6:40 pm cuando te das cuenta que el sol ya se ha ido con una salida triunfal llena de colores, matices naranjas, violetas, grises y plateados, con la esperanza de que el día de mañana la función continuará.


martes, 20 de octubre de 2020

DeBosqueAMAR

DE BosqueAmar




 Hace mucho que no publico en mi BLOG pero creo que ya es hora de dar a conocer mi nuevo proyecto gestado en época de Pandemia llamado DeBosqueAMAR. El encierro nos hizo darnos cuenta que no sólo vivíamos en un encierro físico fruto del confinamiento obligado, sino muchos encierros de mentalidad, encierros de corazón. Es por eso que junto al mar puedes liberarte de esos muros que hemos ido creando a veces sin darnos cuenta. La mejor forma es abrir el corazón con el acompañamiento, junto al mar, junto a tus hermanos más vulnerables y en la naturaleza. 


Estás a un click de esta experiencia: 

martes, 10 de diciembre de 2019

UN LUGAR ESPECIAL



Hace mucho que no escribo en mi blog, mi destino ahora está entre estas 3 montañas y un estuario, cerca al bosque y al mar. Próximamente más información.

sábado, 2 de marzo de 2013

ASÍ TE IMAGINO!


"Edu, quiero que me explique sobre el acompañamiento", con estas palabras empezó una amistad diferente, espiritual que aún me cuesta entender. Sabía que tu vida no era un paraíso como en el que hoy te imagino, y también sabía que alcanzabas la felicidad sirviendo a los demás, preparando una fogata o armando una carpa.
"Quiero ser médico cirujano", me dijiste otra vez, mientras tus ojos brillaban, transmitían paz y a veces tristeza, pero yo quería ver solo la ilusión que irradiaba tu mirada. Tenías sueños y muy grandes, tal vez me falto echar más leña al fuego para avivar más la llama de tus ilusiones, pero el experto eras tú, en eso de ser "el fuego que enciende otros fuegos".
Miles de dudas me quedan respecto a tu última noche de vida, tal vez fue una larga vigilia, como esas noches de campamentos en donde piensas mucho y conversas con tu mejor amigo bajo una noche estrellada. Te imagino conversando con Dios, tal vez esa última noche EL fue tu compañero de guardia y tu visita a la capilla aquella mañana me confirman que con seguridad así fue, pues siempre el hijo nos lleva a la madre y viceversa.
Muchas cosas pasan por mi cabeza, pero quiero quedarme con lo que me enseñaste, tu valentía y deseos de buscar tu paz sirviendo a los demás. "Quiero ir a misiones" fue una de las últimas cosas que me dijiste y que me demostraban ese anhelo de encontrarte en los demás.
No sé si en algo te ayudé, pero sí se lo mucho que me enseñaste. Ahora sin duda estás mejor, junto a El. Así te imagino, recogiendo leña o encendiendo el fuego, para que la fogata esté lista el día en que volvamos a encontrarnos.

sábado, 6 de octubre de 2012

¡VOLVER A LAS RAÍCES!

Ahora entiendo que esta foto de un otoño lejano en el tiempo y la distancia era una foto profética de lo que estoy viviendo en el presente.
Sé que muchos no entenderán lo que hace un PhD recién llegado a su país trabajando en un colegio, en la ciudad donde nació, en su país "tercermundista". Pero también tengo la certeza que muchos que ahora están alejados de sus raíces, de lo que ha construido su identidad, lejos de sus seguridades, de su familia y de su tierra, podrán entenderme.
A veces sólo valoramos las cosas cuando ya no las tenemos o cuando están lejos. Y esa ausencia o lejanía de nuestros orígenes hace que volvamos en donde empezamos, volvamos a lo que nutre nuestra vida, aunque a veces tengamos que quitar esa tierra que nos impide llegar a las raíces. Y esa tierra es muchas veces el qué dirán, la incomprensión  y el rechazo de quienes piensan que debes estar en lo alto, allá arriba en el dosel, en donde todos te vean y no en las profundidades de la tierra.
Y cuando vuelves a las raíces sientes nuevamente seguridad y te reconcilias con lo que tú eres y tu identidad. Tal vez por esto he vuelto a la casa de la madre, a la ciudad que me vió nacer, al colegio donde recibí los valores más importantes que determinaron mi vida, y a hacer lo que más me gusta, servir a los demás luego de ser más, si es que ser más significa ser PhD, aunque no lo creo.
Ahí estoy ahora en medio de las raíces, nutriéndome y nutriendo a los que empiezan a germinar. No sé por cuánto tiempo más, pero lo que sé es que las raíces sostienen, alimentan y dan fruto, aunque muchas veces tengan que pasar desapercibidas y cubiertas de tierra.
DESDE MIS RAÍCES,
EDU

miércoles, 15 de agosto de 2012

EL REINO DE LA NARANJILLA

No tiene grandes castillos, sino casitas de madera con techos de hojas de palma o de metal. Este reino en lugar de reyes y princesas está lleno de niños y de jóvenes padres, que en lugar de espadas con diamantes tienen machetes para abrirse camino, cortar la caña y matar una serpiente. El único guardián no es un gigante o un caballero con armadura sino un volcán que aparece y desaparece entre las nubes.



El color que predomina no es el rojo terciopelo de cortinas o alfombras lujosas, sino el verde en toda su gama de tonalidades. Y el dorado oro de coronas, joyas y candelabros se ha transformado en un color naranja aterciopelado de redondas joyas aromáticas, que huelen a campo, a selva, a fruta y trabajo.

Así es el reino en donde se llenan cajas de estas valiosas joyas de color naranja, que de tan caprichosas no crecen junto a los caminos, ni junto a las casas, sino allá en el monte, en la “tercera” como nos decían los niños. Ese es su tesoro, su medio de vida cuyo valor real se reduce a sólo 7 irreales dólares por casi 100 naranjillas, cuando en Europa se venden a 4 unidades por 10 euros.

Desde ahora no será lo mismo tomar un jugo de naranjilla, o un canelazo, pues ese sabor agridulce tan aromático me recordará siempre a los niños Grefa, los niños Mamallacta, o a doña Rosa, el monitor Héctor, o los hermanitos Anderson y Roberto, o la rebelde Dina o la tímida Sulei. Allá se quedaron en su reino, donde son pocas las esperanzas de futuro pero abundantes los momentos efímeros de alegría, donde el verde y el río llenan la ausencia de afecto y seguridades materiales.

Algún día volveremos, no para enseñarles sino para seguir aprendiendo de sus riquezas, de su humanidad, de su alegría, generosidad y fortaleza. PAGARACHU GUAGUAS PAGARACHU!!

lunes, 23 de julio de 2012

CUANDO LOS ÁRBOLES SE VUELVEN ROSAS

 Ya me había olvidado que en Quito hay una época del año en que el pintor de la creación se encapricha y llena la ciudad de pinceladas rosas. Todos sabemos que no todo en la vida es de color rosa, pero lo que no todos sabemos es que el secreto de la vida es fijarse en esos matices rosas que nos alegran la vida, más que en los matices grises que la entristecen.
 Será por esto que me encantan los meses de julio y agosto, no sólo porque los días son más luminosos, y los vientos de verano me recuerdan las cometas de la infancia y los tiempos de vacaciones. Estos meses me encantan también porque en cada calle de Quito encuentras un árbol rosa, detrás de una farola, en medio de una calle congestionada por el tráfico o en el jardín de una casa.
Cada uno de estos árboles que dejaron caer sus hojas para dar paso a las flores parecen decirte a gritos "aquí estoy para alegrarte la vista, para que te olvides del tráfico y para que siempre recuerdes que aún en los momentos más grises la vida también se puede volver rosa!".

NOTA BOTÁNICA: Nombre común: Arupo, Nombre científico: “Chionanthus pubescens Kunth (árbol nativo del Ecuador)