ATARDECERES DE BAHÍA:
Escribo esto en la lenguita que lame el mar BAHÍA 6:00 a 6:30pm, la mejor hora del día de este lugar donde he vivido los últimos 5 años. Lo interesante de esta hora del día son los colores del mar, del cielo, la luz, la alegría de la gente que sale a ver este espectáculo cada tarde, porque cada tarde el espectáculo es diferente. Es una terapia colectiva como una válvula de escape a la realidad mundial, nacional, local e individual.
Generalmente a esta hora los muchachos están en las barras haciendo calistenia, los niños en la pista de patinaje, la gente trotando, caminando o simplemente tomando algo en el famoso muro. Parece que el cielo nos tiende un camino de luz flotante que va desde el horizonte hasta la playa aquí cerquita, como una alfombra de sol brillante que nos lleva al cielo.
Aunque a veces se oye la música de los autos hoy solo oigo el mar y uno que otro gallo manaba que anuncia que se acerca la noche. A diferencia de Quito, aquí en esta calle no hay prisas, la única prisa es llegar antes de que el sol toque el mar. La gente con celular en mano para dar un click al más fotogénico el sol, cuyo rostro se hace viral en las redes sociales. Es gracioso ver que mi sol, no es mío, sino un sol colectivo. Ese mismo sol que captura mi cámara, es capturado al mismo tiempo en otro lugar, desde arriba, desde abajo, junto al faro, junto a las rocas o junto a la Bellaca, desde Bahía o desde lejos, donde el sol se vuelve más grande, pues su tamaño es directamente proporcional a la distancia del observador.
Pero lo más hipnótico de esta hora del día no es que todos estamos viéndolo sincronizados, como adorando a un solo rey como nuestros ancestros, no esto no es lo más hipnótico de esta hora. Lo que nos hipnotiza es que mientras ves caer el sol y sumergirse en el mar, tus emociones, pensamientos y recuerdos hacen justamente lo contrario, emergen y salen a flote.
Es cuando recuerdas al amigo enfermo, al tío que ha partido sin poder abrazarlo, al proyecto que has soñado allá en las montañas de Guamote o con los voluntarios del BosqueAmar. Emergen también los proyectos del viaje a unas cabañitas en medio del bosque colombiano, visualizando el reencuentro de amigos sin que te persiga el famoso virus. Y es ahí 6:40 pm cuando te das cuenta que el sol ya se ha ido con una salida triunfal llena de colores, matices naranjas, violetas, grises y plateados, con la esperanza de que el día de mañana la función continuará.










